LEY DE FUGA
En la ciudad de San Felipe yo alguna vez
Viví en la calle Riquelme N° 60 con 5 de Abril.
A media cuadra de allí, junto al Palito
y el turco Helo, el Pato Castro y el Mellizo,
Jugábamos beibi con los reos
En su cancha de la Cárcel Pública.
A unos pasos del Juzgado de Policía Local,
en los últimos meses del año ´73,
mi amigo Rigoberto Achú fue baleado
casi junto a esta misma acacia que hoy
con sus flores perladas perfuma los barrotes
oxidados, hundidos en las ventanas.
Como entonces, las acequias que ayer
corrían hacia los limoneros, hoy desaparecen
bajo el asfalto de la Alameda de las Delicias.
La avenida Maipú, que desciende del este
con el viento que alza su vuelo sobre las aguas
del Aconcagua, en los días de fútbol fluye
como un rio de banderas albirrojas hacia la Cordillera.
HUGO NICOLÁS VIVANCO EN EL PATIO
DE LAS TORRES DEL SILENCIO
Sobre el Terna del Amor y de los Buitres
que Limpiaban sus Huesos: Los barrotes
de la ventana recortaban el cielo.
Ya era muy difícil sentirse: apenas
nos tocábamos. Sus miradas traspasaban
nuestros huesos. La humedad
se nos subía por los pies, oíamos
sus risas y conversaciones. Sus palabras
iban más allá de la tela: Éramos
una naturaleza muerta salpicada
de sangre. Yo recordaba a Nancy
ilusionada con otras palabras,
ellos nos examinaban sin tocarnos.
Se escucha a Mozart de fondo,
música ambiental, sabemos.
Mis compañeros se imaginan que somos
un paisaje bajando hacia el río
(cuando mataron a Claudio yo iba
siempre para verlo emerger
de entre las aguas. Ahora es uno
de nosotros). En días de mayor ocio
solemos recordar a nuestras mujeres,
a nuestros hijos. Cuesta saber
si estamos aquí entre tanta bruma.
Nos palpamos el rostro, los cabellos,
sin concluir jamás de reconocernos.
Huele a cloroformo. A sangre tibia
palpitando en la garganta. Irrumpen
entonces, los inquisidores
con sus focos a 10 centímetros
de los ojos. Quieren saber de nuestras
vidas. Un olor a carbón
viene del otro lado del rio. “Al atardecer
paseábamos por el puente viejo
mirando hacia la Desembocadura”,
responde Hugo. Un nuevo golpe y la luz
de una linterna, como una madeja
brillante, le da sobre el rostro.
La sangre fresca de la frente deteniendo
su transcurso empieza a desprenderse.
Yo recordaba a Nancy apagando
La lámpara del velador. Creí que amanecía.
EN UN DÍA DE MAREA ALTA QUE HUBO
EN LA BAHÍA DE VALPARAÍSO
El mismo día en que varó el Río Rapel,
Yo andaba con una mujer a la cual
No tenía mucho que decirle. Ella tomaba
Fotografías de la nave, simulando
Estar sola. Las algas, en cosa de horas,
Habían recubierto la hélice, casi
Enterrada en la arena. No me resultaba
Fácil pensar de acuerdo a las circunstancias
Y el frío que me calaba los huesos.
Hace algunos años me habría alertado
Su presencia, uno que otro de sus gestos,
Pero en esta oportunidad solo tenía
Ojos para acumular imágenes extrañas,
Palabras sin sentido, recuerdos
Sin dirección. Tiempo después ella tuvo
La deferencia o complicidad —¿habré querido
Saberlo?— de enviarme algunas copias
Desas fotografías. Sin embargo en ellas
Aquel barco, varado en Valparaíso el 16
De junio de 1992, ya no parecía el mismo.
Así, contra la sal y el viento e inclinado
Sobre la playa, me hizo recordar aquellos
Días en que yo, con medio pulmón de menos
Y sin saber qué hacer con la vida, abandonaba
El Hospital de Crónicos del Parque y enfilaba
Sin rumbo por las calles de Concepción
Con un libro de James Joyce en los bolsillos
Y los ojos desaparecidos en la niebla.
RETROAMOR
Estertórico, esperpéntico, supuesto,
sin oxígeno, desfásico, incierto,
ululando, aullando, sin aliento,
el acorde, el 1/2 tono, el Si perfecto.
Que comienza, que termina que ya es beso,
estruendoso, sin sentido, qué siniestro,
en cada nota rigor mortis, los silencios,
el orgasmo, la cejilla, el Do desierto.
Casi al borde, arremetido, casi al centro,
en el vacío, casi anís, y muy incierto,
casi cartílago, sinóptico, directo.
De los sus ojos, corazón, y casi muerto
Azulado, puro amor, con sus preceptos,
en Mi bemol, esotérico, sin cuerpo.
SALVE, OH CÉSAR
No existe en mis visiones el temor,
el asombro inexorable que pueda arrasar
con los grandes reinos y las vidas
de los emperadores y las meretrices.
No caben en mi cítara los cantos
sobre la extinción del leopardo
o la lluvia ácida cubriendo el mármol
de los templos. Solo me atormentan
La oscuridad y los pezones de Agripina
derramando su leche sobre otros labios
que no sean los míos. Solo me atormentan
lo necesario y lo mínimo, las aletas
El espinazo, los huesos blancos y los ojos
de mis estatuas desafiando a la muerte.
EN UNA TRIPLE X QUE VI EN LA CALLE 42
Aquí solo penumbras, solo el neón reflejándose
en los espejos, el éxtasis a lo largo de la avenida.
Alguna estación policial socavando nuestra inocencia.
En las cavernas de mayor valor antropológico
una música estridente y el humo de los cigarrillos
oscilando sobre el metal de las jaulas vacías.
Mujeres como orquídeas oliendo a sexo.
Nalgas, lirios, plazas abandonadas y nieve,
mucha nieve si tú quieres que haya nieve.
Lo demás, calles arrasadas por la imaginación,
lugares vacíos, rebaños que no existen más allá
de su silencio. Diaporamas, videos, océanos
de ensueño petrificando las miradas sobre la playa.
VIDA ORGÁNICA
Somos una masa blanda y húmeda
el primer paleophon abandonando las aguas
resbalando entre el fango y los helechos
de los parques nacionales
Somos el alimento y abrigo de los organismos
más desamparados que habitan las ciudades
Somos los desalmados de sangre caliente
los vertebrados e invertebrados los parias
de sangre fría bípedos o cuadrúpedos
expulsados de las galerías que nosotros
mismos construimos
Un retorcido engranaje de huesos y sangre
espesa bestias mortales existiendo solo
de la ilusión de vivir
TRISTÁN E ISOLDA
Y después de todo vino a resultar
que nadie sabía hacia dónde íbamos.
Que uno a uno los muertos se han ido
quedando sin volver a cruzarse,
por los cielos, con los ojos
que alguna vez les colmaran de fulgor.
Y después de todo vino a resultar
que todo lo celestial y humano,
el paraíso en la tierra o la recompensa
en la otra quizá sean lo mismo.
Pero in extremis disimulados.
Y después de todo vino a resultar
que por la eternidad permanecerán
los amantes con sus cuencas vacías.
Y después de todo vino a resultar
que uno a uno los muertos se han ido
quedando sin las sobrenaturales,
intactas, delicias de la resurrección.
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Nicolás Miquea Cañas (LLay-LLay, 1951). Ha publicado los siguientes libros de poesía: Textos. Ediciones Lar, Concepción, 1985, Que nos Queremos Tanto. Ediciones Gamelianos, Valparaíso, 1993. Fermosa Fiera. Lom, Santiago, 1999. Libro de Atanasio Beley. Cosmigonon, Valparaíso, 2004. Volver a nombrame (Antología). Ediciones Bogavantes. Valparaíso 2021. Los poemas fueron tomados de este último texto.




