En Tontilandia | La zanja, una osada expresión de land art

Tal como Zurita, en esto no ha sido muy original, hay que reconocerlo, Kast ha escogido el norte de nuestro país, específicamente la reseca frontera con el reino de los Fujimori, para llevar a cabo su intervención. Lo suyo, por cierto, no es un verso como tradicionalmente lo conocemos, sino una osada expresión de poesía concreta.

En 1993 el grandilocuente poeta Raúl Zurita escribió el desafiante verso: «Ni pena ni miedo» en pleno desierto de Atacama. Usó para ello máquinas que excavaron las letras que componen el texto con una profundidad de entre 2 y 3 metros. La obra -inscrita en lo que se conoce como land art – posee una extensión de 3.25 kilómetros y solo puede ser leída en su integridad desde un avión o una nave espacial, estando dirigida a quienes tienen plata para viajes aéreos, extraterrestres o astronautas. Siguiendo el ejemplo del bardo barbudo, premio nacional de literatura del año 2000, el presidente Kast, nuestro gran not poeta, decidió no ser menos y apenas tomó el mando de la ex república de Chile comenzó a desarrollar su propio proyecto vinculado al land art. Tal como Zurita, en esto no ha sido muy original, hay que reconocerlo, Kast ha escogido el norte de nuestro país, específicamente la reseca frontera con el reino de los Fujimori, para llevar a cabo su intervención. Lo suyo, por cierto, no es un verso como tradicionalmente lo conocemos, sino una osada expresión de poesía concreta. Se trata de una zanja de varios kilómetros de extensión, de unos 3 metros de profundidad, que puede ser leída como un largo guion que une a Chile y Perú en algo así como una sola tierra. Chile-Perú o Perú-Chile, tal sería la palabra -expresión compleja- que mostraría el afán integrador, bolivariano incluso, de nuestro brillante primer mandatario. Podría tratarse también de una raya que no antecede a ningún diálogo, una raya desnuda que sugiere, implícitamente, astutamente, zorronamente, que todo está por decirse, que nuestras verdades son frágiles como las semillas de quillay, que solo sabemos que no sabemos nada, lo que dejaría en evidencia el profundo sentido socrático del sorprendente not poeta republicano que dirige el destino de nuestra patria. Estamos en presencia, cómo no, de un signo plurívoco, no unívoco como el inscrito por Zurita en las sequedades atacameñas. Además, dada su uniforme conformación, no es necesario surcar el espacio para saber de qué se trata, puesto que es legible para quien anda a ras de tierra, para el peatón, para el automovilista. Algunos, no hay duda, lo interpretarán, burdamente, beligerantemente, linealmente, como una barrera para el ingreso de inmigrantes, otros, de manera inversa, como un espacio de sombra y descanso para los mismos inmigrantes, agotados de su extenuante peripecia. La oposición lo calificará como una tumba larga para enterrar a Chile, o como el signo menos más grande el mundo, lo que sería, para este sector, el mejor resumen de lo que denominan el “kafkiano régimen kastiano”. En fin, interpretaciones hay muchas, lo único claro es que la capacidad del presidente Kast, nuestro gran not poeta, para generar mensajes polisémicos es infinita. Intercambia conceptos opuestos y adyacentes como si nada. Si dice blanco puede querer decir negro o gris. O incluso blanco. Si afirma que el precio de algún bien bajó puede significar que se mantuvo estable o que subió. También que bajó. Lo que escribió Zurita en su zanja -“Ni pena ni miedo”- gracias a Kast ahora puede leerse también como “Pena y miedo” o “Pena y no miedo” o “Miedo y no pena”. Todo al mismo tiempo. Cada palabra, como el gato de Schrödinger, simultáneamente está viva y muerta en su discurso, que es una caja cerrada, sellada, que nunca se decidirá a abrir, puesto que ahí está la esencia y la magia de su not poesía. Un gran avance para las letras nacionales, sin duda.

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