Testigo ocular | Manuel Francisco Mesa Seco

Poeta, cuentista, dramaturgo, Manuel Francisco Mesa Seco nace en Constitución en agosto de 1925, falleciendo en un accidente automovilístico en 1991. La figura escritural de Mesa Seco es amplia, trazando un horizonte teológico que se fracciona ante la revelación a sus propias preguntas, adquiriendo una profundidad que emerge encubierta por la estela de simpleza del bosque provincial y maulino, constante y vasto territorio donde el autor, que en 1954 lanzara “Volantines”, su primer poemario, desarrolla y detiene su estética, reformulando incesantemente un giro armónico de sombras y luces.



SELECCIÓN DE POEMAS



UN RÍO, UNA MUJER

Yo viví junto a un río legendario,

que estaba solo, derrotado y bello,

y su sangre hermosa solitaria 

y fuerte palpitó como estrella 

en mi existencia.

Fueron sus riberas los muelles 

de mis sueños,

y me desnudé en las valvas 

de sus cuencas.

En alegre niñez bebí en sus senos

dos planetas de albahaca

y yerbabuena,

y cogí de sus jardines espumosos 

Los lirios nocturnos de su cielo.

Por su piel de algas y naufragios

me tendí como el eco por los bosques.

Después vino un día y otro día. 

Más no la muerte

todavía. Y yo como el agua penetre mi huerto

sumergiéndome en la taciturna

lejanía de su encanto.


El río seguirá en su muerte inacabable,

y yo lo buscaré bajo la tumba

para darle a mi derrota su presencia.

Ahora de paso, en las noches, 

sobre un puente,

como si besara los labios 

de la amada,

escucho su collar de piedras

y el dolor de sus anclas en mi cuerpo



EL RUIDO DE LA NOCHE.


El ruido de la noche me contiene 

con su dormido muro de violetas, 

y adorna su crepúsculo mis sienes 

con la agotada nieve de sus vetas.

Desde una extraña puerta, 

tú provienes 

blandamente, alhajada de secretas 

nebulosas, y el aire te sostiene 

como un barco dormido en la caleta.

Porque en tu inmenso vuelo 

de misterios 

conllevas la sonrisa de la sombra 

y el cristalino son de todo humo.

Sin embargo aquí estoy ante 

tu imperio, dormido de nostalgia

ante tu alfombra, y con ella,

en la atmósfera me esfumo



RECODO


Por las dolientes aguas 

de este río pasan ruinas 

y mueren transparencias.

Un poco de mi muerte 

y mi existencia

y el claro y turbio tiempo 

que fue mío.

 

Van cristales llorando en lo sombrío.

Calcinada la voz en tanta ausencia.

Pasan vuelos, cenizas y querencias

y una luz en profundo desvarío.

 

Brillan himnos lejanos y victorias,

fragancias de galope y de estrellas

y el cielo que brotaba en la honda noria.

 

Pasan lágrimas, besos y querellas.

La vida que se apaga, transitoria

por las oscuras aguas 

que eran bellas



PARED DE ADOBE.


Prefiero ser

pared de adobe

vieja pared donde la yedra

golpea sus oleajes.


Donde el viento hace nidos 

de remolinos pobres

y los pájaros revolotean

como si fuera un navío

encallado.


Pared antigua

pero aún altiva.


Prolongación de la tierra

y llamas de rosas

que habitan sus entrañas.


Pared de adobe

roa de ternura

que se deshoja

como un beso.


Para quedar convertido 

en suave ondulación 

de tierra labio dispuesto

a la palabra amable

o al grito invencible 

de las profundidades



EN LA TUMBA DE UN PERRO.


Si fiel y noble fuiste en la existencia 

y llorada tu muerte como un niño, 

esta tumba nos habla del cariño 

con que el amo buscaba tu presencia.

Ahora que el ladrido de tu ausencia 

lame el mármol y el viento 

con sus piños 

de hojarasca te busca, yo desciño 

mi lira en el jardín de tu querencia.

Dichoso tú, que duermes en el cielo 

de humana gratitud y así dichoso 

el recuerdo que consagró tu duelo.

Esperarás en el silencio umbroso 

que venga el amo a compartir 

tu suelo 

y así será completo tu reposo



DESEO


Toca Cristo este silencio que

está ciego.

Yo vivo en él y que tu mano 

lo levante.


La eternidad sobrevive tal vez

en mis vestigios.

En lo alto y lo profundo no termino

de establecer moradas.


Dios antigua lanza fue mi ayer.

Fui yo mismo un cordero 

del desierto perdido 

en el tormento de mi raza.




OBRAS (POESÍA)

 

Volantines (1954)

Páginas a una novia (1955)

El árbol de la vida (1956)

Brújula celeste (1957)

Atmósfera (1960)

Carro de fuego (1961)

Mundo vecino (1965)

Sonetos alfabéticos (1967)

Prolongando el río (1967)

Versos lúdicos (1970)

Dos puntas tiene el camino (1971)

Ciudad del poeta (1973)

Ruinas y transparencias (1978)

Adoraciones (1979)

Armaduras (1982)

Río revuelto (1982)

Fuiste al cerro, viste al león, le tuviste miedo (1988)

Responsos (1990)

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