novela chilena

Trastienda | Los parpadeos de la memoria

«La existencia nos cruza como una herida absurda, una escritura que se abre a lo innombrable que es finalmente, más allá del lenguaje solemne y burocrático de la cárcel y la morgue, una serie de efectos que quedan cuando el silencio los envuelve. Los relatos que ellos esconden parecen retirarse, dislocarse, y la tristeza los reitera en diversas versiones.» En memoria de G. González Isla   En el prologo del libro de ensayos, Efectos personales de Juan Villoro, el autor comenta que el lenguaje tiene una curiosa forma de esforzarse por lucir irrefutable. La impersonalidad y el esfuerzo del lenguaje, en la mirada de Villoro, plantea la exigencia que emerge por mostrarse como una sentencia de hierro, el carácter irremediable, pero fracasa en ese sentido. El autor apunta a un efecto producido y revela aquello que en él se dice tan abiertamente y lo pasamos por alto. Una serie de efectos, una composición de elementos que sostienen un artefacto que además busca parecer indesmentible. Es el lenguaje mismo. En cuya dimensión existencial abre la herida de una nada, de una fisura que nos nuestra la condición de efectos que somos. Diría que la imagen tiene ese mismo resultado, pero sin esfuerzo, que es el de parecer una realidad incuestionable, como si el ojo fuese un testigo más fiel que el testimonio construido por palabras. La solemnidad que impone el lenguaje legal produce una autoridad que nos compromete con un saber objetivo o una disposición que delimita una acción en curso. Este lenguaje dice más, sin que podamos soportarlo, oírlo. Lo que fracasa es el sentido legal y el sujeto, entonces se afirma el carácter del lenguaje, más allá de su delimitación institucional captando el abismo que abre. Lo que se afirma no viene de ningún sujeto.   La dimensión existencial de esos efectos personales, son en el lenguaje legal la serie de cosas, objetos, elementos que como hilos sueltos de una trama implican lugares, espacios, palabras no dichas, dedos rozando en el bolsillo la boleta de una compra, las llaves de una puerta que no volverá a abrir. Quizás la persona, la sagrada persona, ese dispositivo, no es otra cosa que una serie de efectos, lo que queda cuando somos sustraídos de la acción presente que nos diluye. ¿Cuánto tiempo de vida guarda la cifra de un llavero usado mil veces? La mirada sobre esos efectos parece, bajo la fria legalidad, ser más precisa de lo que en su primera instancia no expone. Si bien en el prologo del libro lo que impera es la manifestación del efecto de objetividad del ensayista que oculta la subjetividad en los otros, de quienes habla, la herida, llagada está en la letra, en la escritura y toda escritura que se vuelve sobre sí permite ver el surco, y nos envuelve en el extrañamiento, en la melancolía de la mirada. La existencia nos cruza como una herida absurda, una escritura que se abre a lo innombrable que es finalmente, más allá del lenguaje solemne y burocrático de la cárcel y la morgue, una serie de efectos que quedan cuando el silencio los envuelve. Los relatos que ellos esconden parecen retirarse, dislocarse, y la tristeza los reitera en diversas versiones. Si bien, esos efectos parecen encender la memoria, por otro lado, una tristeza los envuelve con un fondo oscuro.    La muerte acaecida el año pasado de un amigo, me hace pensar en esos efectos, la memoria, la imposibilidad y los parpadeos del olvido. ¿Quiénes somos para otros?, como leí en una antología de relatos argentinos: “A veces me pregunto qué cara tendré yo en tu memoria”(Dal Masetto). Ese rostro del que no somos dueños sobrevive en la memoria de los otros. La dignidad descansa sobre los que quedan, porque son los que sostienen los efectos de los ya  idos. Pero no como meros objetos, sino como un complejo de voces que los nombran, que los incorporan a sus historias. Los miran en sus fotos, detenidos en un gesto que sobrevive. El infinito descansa en esa mirada, en esas voces, como fragilidad que lucha por sostenerse cifrada en el resto, en las cosas como intersticios filtrados por la nada. Esos rostros son el efecto y retirada de un tejido de sensaciones y sentimientos, la tesitura del tiempo sin presencia que nos toca levemente en las palabras. Poco a poco parecen alejarse hacia la dimensión intocada de una evasión que no decidimos. Pero vuelven, dicen que vuelven, los moribundos los ven venir. El fantasma de una noche sin fondo nos sustrae a ese momento, cuando nos damos cuenta que no somos sino meros reflejos. Efectos personales.  

En Tontilandia | Un humanista de tomo y lomo

¿Qué nuevas sorpresas nos tiene guardadas este gran humanista? ¿Será que cuando indulte a las bestias que han asesinado, torturado y violado a sus compatriotas afirme que se trata de un calambur y luego, aprovechando nuevamente las críticas por el mal uso del término, algo deliberado sin lugar a dudas, acuda a la figura de la metonimia, del desplazamiento, para corregir su error, arrojando así un par de nuevos vocablos a la población? Mucho se ha criticado al presidente Kast por la serie de chambonadas que ha cometido en el aspecto económico, en lo político y en lo social durante sus primeros meses de gobierno, sin embargo, nadie ha resaltado el monumental aporte que el primer mandatario ha hecho a la literatura y particularmente a la poesía, ese arte olvidado, sepultado, aplastado, en el breve tiempo que lleva con la cinta tricolor ceñida sobre su pecho flaco y costilludo. Digo esto porque si bien es cierto que ha recortado el presupuesto del Ministerio de las Culturas y las Artes, designado a un ignaro a su cabeza y puesto una serie de requisitos absurdos a las becas de creación literaria, es indudable, por otro lado, que ha hecho un aporte relevante en el terreno de la enseñanza de las figuras retóricas, puesto que hoy en día todo el mundo está pendiente de sus discursos con el objetivo de descubrir dónde está la metáfora. ¡Qué didáctica más espectacular! ¡Qué envidia deben sentir los profesores de Lenguaje! Esto, recordemos, surgió en mayo del 2026, cuando el presidente señaló que su promesa -fallida- de expulsar a 300.000 inmigrantes el primer día de su mandato no era literal sino una metáfora, aprovechando luego las críticas por el uso incorrecto del término para instalar otra expresión vinculada al arte de la palabra en el cotidiano nacional: no se trataba de una metáfora, señaló, se trataba de una hipérbole, enriqueciendo aún más el espectro verbal de una población cada vez más acotada en cuanto a su léxico. ¿Qué nuevas sorpresas nos tiene guardadas este gran humanista? ¿Será que cuando indulte a las bestias que han asesinado, torturado y violado a sus compatriotas afirme que se trata de un calambur y luego, aprovechando nuevamente las críticas por el mal uso del término, algo deliberado sin lugar a dudas, acuda a la figura de la metonimia, del desplazamiento, para corregir su error, arrojando así un par de nuevos vocablos a la población? ¡Qué gran estadista le regaló su padre, un nazi fabricante de salchichas, a este país! Probablemente, y hablo desde la perspectiva política, nos encontremos ante el nuevo Neruda, o más bien ante el not Neruda, un tipo que toca el corazón de las masas con un discurso parco, cínico, seco, no cubierto de una fina capa de chocolate crocante como el del nacido en Parral, ajustándose a la sensibilidad del nuevo chileno o not chileno, e incluso del bot chileno, que parece adorarlo. ¿Se le otorgará el Premio Nacional de Literatura? ¿Alcanzará el Príncipe de Asturias o el Nobel? No lo sé, lo único que está claro es que su oratoria o not oratoria llegó de mejor manera a las masas que la del autor de Crepusculario, quién, recordemos, fue candidato a la presidencia de la República a fines de los sesenta, aunque sin llegar a la Moneda, como sí lo hizo nuestro actual mandatario. Seguro que Kast seguirá adelante promoviendo no solo la not poesía, sino también el not teatro, la not plástica, la not narrativa, la not música, la not danza, y en general el not arte, como el gran innovador y hombre de futuro que es. Chile, no tengo dudas, no será el mismo cuando expire su mandato. ¡Cuánto habrá crecido nuestro feble léxico y nuestra siempre deficitaria comprensión de lectura!  

Signos vitales | La banana de Sísifo

«Intenté luego imaginar el proceso semanal de recambio de la banana. Lo más seguro, me dije, es que no sea el mismo Justin Sun quien realiza la rutinaria tarea, sino uno de sus subalternos, una especie de técnico superior en sustitución de bananas –con mención en logística de la estética o algo por el estilo– preocupado de comprar, trasladar y fijar al muro la banana cada siete días, manteniendo –además– un stock de cinta adhesiva que asegure el éxito del proceso.» Al mediodía, cruzando el puente Recoleta, me encontré con un hombre barbudo, esquelético y sucio. Se hallaba en medio de los cientos de indigentes –nacionales e importados– que día a día se instalan allí a vender todo tipo de residuos. El tipo, que parecía venir saliendo de un campo de concentración nazi, de Tejas Verdes o de la Franja de Gaza, tenía los ojos hundidos, sumergidos en otro mundo, mientras avanzaba penosamente cargando una especie de mochila con sus cosas. Se ayudaba para esto de un rústico palo en bruto, bastante retorcido, que le daba un cierto aspecto de ferocidad. Comía una banana media negra, media podrida, con avidez. Una banana que seguramente recogió de los basureros de La Vega, institución que, como se sabe, es fuente de alimento para todo tipo de perdedores: alcohólicos, drogos, personas con problemas de salud mental, inmigrantes sin fortuna y otros ejemplares propios de la fauna de los bajos fondos. Al verlo, instantáneamente me acordé del multimillonario que en noviembre de 2024 compró la comentada y cuestionada obra "Comedian" del italiano Maurizio Cattelan, que consiste en una banana pegada con una cinta adhesiva a un muro, por un precio cercano a los seis millones de dólares. La carísima banana, contra lo que podría pensarse, no tiene absolutamente nada de especial, se trata de una banana común y corriente, de las que se pueden encontrar en la feria y como todas las bananas madura y se echa a perder, por lo que resulta indispensable cambiarla semanalmente, procedimiento contenido en un instructivo desarrollado por Cattelan. Se me ocurrió, mientras el mendigo se alejaba, que la banana que comía era la que el magnate chino–granadino Justin Sun –tal es el nombre del comprador de “Comedian”– había lanzado a la basura esta semana. Como el año tiene 52 semanas, 52 mendigos podrían ser favorecidos cada año con una fruta podrida. Esa es la parte social de la obra, me dije, el aporte conjunto del artista italiano y el multimillonario de origen asiático –que se dedica al rubro de las criptomonedas– a la sufrida humanidad. Intenté luego imaginar el proceso semanal de recambio de la banana. Lo más seguro, me dije, es que no sea el mismo Justin Sun quien realiza la rutinaria tarea, sino uno de sus subalternos, una especie de técnico superior en sustitución de bananas –con mención en logística de la estética o algo por el estilo– preocupado de comprar, trasladar y fijar al muro la banana cada siete días, manteniendo –además– un stock de cinta adhesiva que asegure el éxito del proceso. Imaginé, luego, que en algún momento el multimillonario se debe haber dado cuenta de la broma pesada que le jugaron o que se jugó a sí mismo, puesto que la compra de “Comedian” le sirvió para hacer automarketing global, y eso siempre es positivo para empresarios y tipos con personalidad narcicista, pero a cambio de eso deberá cambiar –o mandar a cambiar– semanalmente una banana hasta su muerte, en una especie de mito de Sísifo en tono de comedia pop. A raíz de esto me pregunté qué persona sensata pagaría seis millones de dólares por hacerse de una tarea tan tonta para toda la vida. Y no se me ocurrió ninguna. Recordé, enseguida, que al comprar la instalación Justin Sun señaló –según la prensa– que la fruta adquirida: "Sabe mucho mejor que otros plátanos, realmente está bueno", lo que me hizo pensar que, hoy en día, la liviandad mental es sinónimo de éxito y popularidad.   Mas tarde, bebiendo un café en un local del centro, me pregunté que es lo que le da valor a una obra de arte. No pude, por supuesto, dar con una respuesta, las posibilidades son muchas y dan para un montón de columnas. Lo que está claro es que la recontextualización de un objeto cotidiano en objeto artístico –o ready made– fue una idea desarrollada por Marcel Duchamp hace más de cien años, cuando expuso su obra “La fuente”, que consistía en un urinario común y corriente, en una muestra de arte de la época. En ese sentido “Comedian” no es más que una copia de la idea de Duchamp, cuya única variación es que el objeto, la banana, es perecible y debe ser cambiada periódicamente, sin que se perciba la ironía subversiva de “La fuente”. Lo que se compra es la idea, no la obra, se justificó Justin Sun, pero la idea ya existía, la nuevo fueron los seis millones de dólares pagados por la banana, haciéndonos pensar que en estos tiempos controlados por un grupo pequeño de narcisistas multimillonarios –y escasos de escrúpulos– la respuesta parece ser el dinero. Mientras más se paga por una obra, más artística esta es, dando cuenta del estado de la sociedad actual, que necesita –urgente– un recambio, tal como las bananas podridas de Justin Sun.    

Fichero| «Tractatus Máquino-Prosimiae», de Iñaki Barasorda: Una osada iniciación

«La novela está organizada en párrafos breves, sentenciosos, muchas veces de carácter aforístico, recursos con los que Barasorda va dando vida a un ambiente surreal, tecnológico y al mismo tiempo opresivo, agobiante, dialogando con tendencias como el cyberpunk y el retrofuturismo.» Recién publicada por Ediciones Esperpentia, Tractatus Máquino-Prosimae, primera publicación de Iñaki Barasorda (Santiago, 1987), es una novela sofisticada, con rasgos distópicos y acercamientos a la ciencia ficción, donde el protagonista -un imaginativo joven del barrio alto- despliega sus reflexiones y relata sus intrincadas experiencias iniciáticas junto a Emilia y sus amigos Petaca y Archibaldo, utilizando para ello un lenguaje que va de lo poético a lo narrativo, salpicado además de “vetas ensayísticas”, como acertadamente se indica en la contratapa del libro.  La novela está organizada en párrafos breves, sentenciosos, muchas veces de carácter aforístico, recursos con los que Barasorda va dando vida a un ambiente surreal, tecnológico y al mismo tiempo opresivo, agobiante, dialogando con tendencias como el cyberpunk y el retrofuturismo. Circulan, en este mundo, referentes culturales variopintos: Los Caballeros del Zodíaco, la música de Roy Orbinson, la poesía maldita, las peliculas de David Cronenberg, por nombrar algunos, abarcando también campos como la matemática y la psiquiatría, ciencias que le permiten al protagonista exponer las extravagantes teorías que surgen de su pensamiento  híper-especulativo. Se trata, como se puede ver, de una novela poco convencional, osada, con rasgos experimentales, que le hace honor a su título, que es una referencia irónica a la obra de Wittgenstein y al mismo tiempo un acto de subversión contra el modelo de ser humano alienado, simiesco y maquinal, desconcertado, que habita las sociedades líquidas, ofreciendo una mirada crítica, recubierta de humor ácido, respecto de los delirantes y vacíos tiempos que vivimos.     Selección de textos 1.1  Manifiesto El Simio ha alcanzado el límite de su vanidad. Un empayasamiento grotesco, el maquillaje del mimo. El disfraz de la deformación espiritual, disimulada por ornamentos visualmente placenteros.   Grande, pavorido y ansioso se esconde de sus pulsiones. Busca angustiado una retroalimentación de su necesidad de afecto social y de atraer al sexo opuesto para vaciar su lasciva destemplanza.   Golpea el piso para demarcar su territorio.  Intenta salir de su jaula y recibir del mundo una efímera e insustancial compañía.  El Simio grita en la espera de comprobar su entrenamiento.   2.1 Llego a la casa de una niña rica a su cumpleaños, en un Mini Cooper S y proclamo ante mucha gente que parece rondar la entrada: «¡Alguien que llega en un Mini Cooper S negro tiene derecho a entrar sobre todos!». Era otra fiesta, pero entramos en la casa correcta, la anfitriona nos recibe y bajamos a un subterráneo. Gente que colma el lugar, pregunto cosas, me mimetizo con mi ropa hípster y bella. Doy la mano, me la reciben: risas. Miro con cara extrañada. Recuerdo a quién me abrió la puerta, tengo ganas de hablarle, pero por ahora solo conquisto territorio.  Hago un brindis. La mujer que lo recibe me mal interpreta. Se queda largo rato ahí, como si fuese lo más interesante, pero no lo es.  Soy un seductor, un cualquiera interesante, no hay «jaque».  Me miran, se extrañan, como mi mirada. La mujer acecha, por ahí, la busco, subo, la encuentro, maquino el encuentro.  Me pregunta qué hago ahí, le digo que ya nos vamos, pero no le basta para pedírmelo. Me quedo con la mirada insistente, sonríe y se burla coquetonamente. Le doy un beso y ahora el gemido va en serio, pero se espanta y se va. Llego a mi casa, una suave dosis de Ravotril, manoseos encantadores, otra noche de victorias gregarias.   2.5 (Fragmento) A Petaca lo conocí por Archibaldo mediante las redes sociales, donde nos poníamos en jaque con comentarios insultantes pero inteligentes. Eventualmente interactuamos en persona y dejamos la competencia, dando luz a la exaltación de las bajas frecuencias, en un escenario de primavera donde enlazamos nuestra estética en un solo canto al retro–futurismo y la melancolía trágica del arte.    Entre música electrónica setentera y risas, de buenos aires por venir, conversamos cálidamente sobre mi fragilidad y la situación con mi padre, que se volvió loco en una especie de arranque maniacodepresivo. –«No seas tan mariquita»”, me dice Petaca, «el rollo con tu viejo no te hace a ti una víctima de su locura y abandono». Me siento desolado, frágil. Petaca es fuerte e inteligente y al lado de él me siento débil y ambiguamente protegido. –«No lo digo por herir, sino para que confrontes tus fantasmas, que son muchos». Archibaldo concuerda. Más marihuana, unos Ravotril para apaciguar. La voz de un personaje femenino de un juego de computador en el que Archibaldo está metido me deja sedado y enamorado por largo rato, mientras solo compartimos nuestras presencias. Mi padre debe andar por los alrededores del supermercado de la cuadra de su edificio, con bata, pelado, dos cédulas de identidad colgados de su cuello y un Rolex en cada mano. Invita a los estacionadores de autos al departamento para mostrarle sus diplomas y fotografías.   4.1  Informe de divulgación Hoy he conocido, por maneras extrañas, al Dr. Bajo, fundador y eximio practicante de la Somatopía. Largos han sido los sondeos, y los resultados nos han probado estar en lo correcto.  En una biblioteca gigante, con algunos muñecos taxidérmicos distribuidos por la sala, automáticamente comienzo a indagar lo que escuché por primera vez respecto de la Somatopía. Se le divulga como una nueva forma de tratamiento terapéutica, psíquica, holográfica  y a la vez quirúrgica, destinada a «sanar la concepción errónea que existe sobre la jerarquía entre la mente y el cuerpo, éste último necesitado de severas intervenciones para comenzar un verdadero aprendizaje sobre la necesaria relación entre ambos, vedada hasta ahora para el Hombre». Fue a Petaca a quien primero le hice saber de este descubrimiento.  Se interesó lo suficiente como para investigarlo, aunque la información era escasa, por lo que terminó yendo a visitar personalmente al doctor. No sabría decir si la imagen del