poesía chilena

Poesía chilena y jazz | Del bebop hasta nuestros días

«En Concepción, traducido en simultáneo por Fernando Alegría, Allen Ginsberg leyó «Aullido» en una época en que los poetas locales usaban camisas bien planchaditas y corbata. Fue, sin duda, un momento importante en nuestra literatura, aunque ignoro si habrá cambiado algo en la poesía de estos lares. Es decir, si marcó un hito o solo fue una anécdota.» En los años 40, en pleno apogeo del swing, surge una nueva manera de entender el jazz. Se trata de una revolución que va más allá de lo musical, puesto que, además de cuestionar la estructura repetitiva de los temas que interpretaban las grandes orquestas, se encuentra ligada a lo social, específicamente al desmejorado rol que la industria musical gringa, comandada por blancos, otorgaba a los músicos afroamericanos, siguiendo la lógica racista de gran parte de la sociedad estadounidense. Esta revolución, que finalmente transformó al jazz en un arte mayor, se fue gestado en distintos clubes gringos –como el Minton´s Playhouse, en Harlem– que se mantenían abiertos de madrugada luego de que los grandes salones de baile cerraran sus puertas. En tales clubes, los integrantes de distintas orquestas se reunían y tocaban libre e informalmente, improvisando sobre diversos temas, “releyéndolos” podría decirse, haciendo una música no bailable (al menos de forma convencional) ni comercial, sino orientada a su escucha, dando vida a lo que se conoce como jam sessions. En este contexto de libertad y bohemia surgió el bebop, dando forma a un jazz más sofisticado, complejo, no lineal, donde el rol del solista y la improvisación son totalmente esenciales, no una decoración. Como todo movimiento, este estilo no salió de la nada, puesto que recoge antecedentes de músicos del swing como Art Tatum, Count Basie, Duke Ellington y otros creadores que incorporaron elementos de mayor riesgo a sus obras. Algunos de los pioneros del bebop fueron el trompetista Dizzy Gillespie, el saxofonista Charlie Parker (“Bird”) y el baterista Max Roach, así como los pianistas Bud Powell y Thelonious Monk. Su irrupción en la escena musical gringa fue una llave que abrió la puerta a una enorme variedad de estilos, como el cool jazz, el jazz modal, el free jazz, el jazz fusion, el acid jazz y otras variantes que han vuelto extremadamente frondoso el árbol genealógico de esta corriente musical.  El alcance del bebop, por otra parte, no se circunscribe exclusivamente al terreno de la música, puesto que hubo un grupo de escritores estadounidenses que tomaron este estilo, cuya libertad creativa lo asemeja al versolibrismo, como parte de su forma de vida y de literatura. Se trata de la generación beat, movimiento literario y cultural, predecesor de los hippies, que en plena época de posguerra, años cincuenta, planteó su rechazo al conformismo y a los valores de la cultura gringa de esos tiempos –tradicionalistas, conservadores, discriminadores– ligándose con la espiritualidad oriental, la experimentación con drogas, la libertad sexual, la vida de los marginados, la crítica social y la bohemia. En ese abigarrado cóctel, que años más tarde serviría de inspiración al hippismo, el bebop era un ingrediente infaltable: “Llegamos a Nueva York, patinando sobre el hielo. Nunca tuve miedo con Dean al volante; podía conducir un coche en cualquier situación. Habían arreglado la radio y un furioso bop nos empujaba a través de la noche. No sabía adónde nos llevaría todo esto, pero no me importaba”. Así describe Jack Kerouac –en su novela En el camino– el rol del bebop: era la energía que los movilizaba, era una manifestación del ser expresándose sin ataduras. Otro de los escritores beats, Allen Ginsberg, en su poema “Nota a pie de página a Aullido” escribe: “¡Santo el quejumbroso saxofón! ¡Santo el apocalipsis bop! / ¡Santas las bandas de jazz los pasotas la marihuana la paz & droga & batería!”. Como puede apreciarse, hay una fuerte ligazón entre el bebop y los beats, una conexión espiritual –si cabe la expresión– que toca, incluso, lo netamente literario. Esto lo podemos ver, por ejemplo, en Aullido, poemario clave de los beats, donde Ginsberg, en la dedicatoria, anota lo siguiente: “Jack Kerouac, nuevo Buda de la prosa americana”, tildándolo como el creador de “una prosodia bop espontánea y una literatura clásica original”, refiriéndose al intento de los beats por desarrollar una escritura donde tuviesen cabida la improvisación, el ritmo y la jerga del bebop.  En 1960, en plena ebullición de los beats, nuestro país se conecta con este movimiento, que se hallaba en su apogeo. Esto se debe a la presencia de Ginsberg, quien viajó a Chile junto a otro poeta beat, Lawrence Ferlinghetti, al Primer Encuentro de Escritores Americanos que se efectuó en la Universidad de Concepción, invitado por Gonzalo Rojas. En una carta (disponible en DIBAM) que envía a Humberto Díaz Casanueva, Rosamel del Valle se refiere a la importancia de esta visita: “Ayer comió en casa el poeta ´beat´ Allen Ginsberg. Me llamó a N. Unidas por encargo de Fernando Alegría (…) Me parece una cosa magnífica, sobre [todo] por tratarse de esa universidad y de un poeta que mal que mal es lo más vivo que hay por ahora, con su movimiento, en los Estados Unidos.” Ginsberg permaneció durante tres meses en nuestro país. Durante un mes vivió en la casa de Nicanor Parra y el resto del tiempo recorrió el sur turisteando y buscando chamico. Respecto de nuestros intelectuales, como señala Antonio Díaz Oliva en la revista Átomo, el poeta estadounidense indicó que era “urgentemente necesario importar algunos kilos de marihuana para los escritores chilenos”, cosa que actualmente no es necesaria, puesto que tenemos una abundante producción local. En Concepción, traducido en simultáneo por Fernando Alegría, Allen Ginsberg leyó Aullido en una época en que los poetas locales usaban camisas bien planchaditas y corbata. Fue, sin duda, un momento importante en nuestra literatura, aunque ignoro si habrá cambiado algo en la poesía de estos lares. Es decir, si marcó un hito o solo fue una anécdota. Lo que se puede asegurar es que el bebop y las tendencias que lo suceden están presentes en la poesía chilena a partir

Poesía chilena actual | «Antimujer», cinco poemas de Carolina Sepúlveda

CAMADA   Arrastrándome a cuatro patas recojo el olor de tu cuello lamiendo la sombra de tu abrazo camino con dolor de hombros y una pata menos   Tiritando de frío tiritando de miedo media perra ladrando auxilio   Han robado a mis hijos los huachos destartalados y sin padre los hijos de perra que aguardaban en las esquinas   Que alguien me acaricie el lomo Y sacie estas mamas tristes y secas que alguien encuentre a la media mujer que me dejó el vacío al medio hombre que me dejó a patadas que alguien refresque este sexo débil de perra vieja   De perra sin ojos de media perra de perra entera   Yo soy la perra palabra un trozo de carne una perra contigo una camada de sexo compartido una perra una perra pariendo gritos.     EL AGUA SE HIZO PARA DAR FORMAS A LAS COSAS   Escupo una mueca sobre el mundo esta mitad del cuerpo dañada esta mirada doble que me atraviesa con un tajo en la cara   Sobre mi cama el cuerpo de un hombre recién nacido se retuerce el temblor de su carne inútil esa máscara una melodía engañosa   Al otro lado mi madre repite el rito entre las piedras de mi padre saca la lengua y bendice   Yo me caigo una y otra vez me caigo mordiendo la piedra que me clavaron entre los ojos esa huella impertinente de hembra herida   Los ojos de mi padre me apuntan rompiéndome los sesos   Mi sexo gotea una lágrima espesa dejo que llore   El agua se hizo para dar formas a las cosas como la humedad de su cuerpo ardiendo entre roce y roce   Como la humedad de mi cuerpo ardiendo entre roca y roca   El agua se hizo para dar formas a las cosas el reflejo de un orgasmo desmenuzado y triste la erección de un parapléjico ciego y corrupto la niña que viola a un gato con su dedo   Mi perra lamiéndose la vulva escarbando con su lengua ahí mismo.     HARINA DE OTRO COSTADO   Tantas cosas perdí y ahora he vuelto con los ojos preñados colgando siendo bestia en corral ajeno con el hocico sangrando perfumado de gritos con los brazos cansados de tanta piel muerta entre las uñas de tanto dolor de tanta mugre enrojecida.     PIEL SECA   Desde mi boca un cordón amargo surge hacia ti como reptil ciego   Duele como la humedad huérfana que se acomoda en mi cama.     EL DÍA TIEMBLA EN SUS CUATRO COSTADOS   El cielo se abre escupiendo su ojo sobre mí tengo las piernas abiertas por si brota un árbol A Q U Í donde la humedad es diaria e impertinente como tu ausencia   El día tiembla en sus cuatro costados y esta isla es la más isla sólo cabemos yo y mi pelo   El día tiembla en sus cuatro costados y esta soledad que llevo rompiendo aplasta mi cara sobre la pared y mi boca muerde su boca y mi ojo mira su ojo   P R O F U N D A M E N T E.           ______________________________ Carolina Sepúlveda (Santiago, 1978). Fue becaria de la Fundación Neruda en 2003. Ese mismo año obtuvo mención honrosa en los Juegos Literarios Gabriela Mistral. En 2004 publica Antimujer (Al Margen Editores, Santiago), libro del cual fueron tomados los poemas de la presente selección.        

Poesía chilena actual | Matías Rivas: Tres tragedias

SUPERMERCADO   Por influencia tuya comencé a comprar duraznos. Cuando íbamos al supermercado tú siempre comprabas un par de kilos de duraznos para tu hijo mayor. En cambio, yo partía derecho a la sección pastas y carnes. Llenaba el carro con lasañas congeladas, pizzas y salsas de tomates. Recuerdo que comprabas una docena de huevos con omega 3, queso fresco y quínoa. Más de una vez te vi llevar yogurt natural y un kilo de uvas. Hacíamos de estos encuentros un enredo fascinante de mensajes en clave con la ilusión de que pareciera casual conversar en los pasillos abarrotados de comida del supermercado más lejano de tu casa y cercano de la mía. Hablábamos de amor con susurros histéricos, nos hacíamos promesas calientes. Incluso rozábamos nuestras piernas agachados para sacar el azúcar rubia. Después nos mirábamos unos minutos. Me decías cariño en un tono suave que súbitamente cambiaba cuando venía alguien. Te gustaba tener fósforos en cantidad, por superstición. Te preocupabas de que nunca faltara en tu refrigerador el brócoli.  Con las compras listas partías a pagar, mientras te esperaba en mi auto en el estacionamiento. Lo mío eran sólo un par de bolsas que echaba atrás. Lo tuyo era alimento para tus hijos y tu marido vegetariano. Le pedías a un joven que te ayudara a llevar las bolsas a tu auto  y que las descargara en la maleta. Luego partías donde yo estaba, cortando distancia por pasillos con autos estacionados. Abrías la puerta y te lanzabas a mi cuello. “No quiero que volvamos a pasar por esto. Quiero que te cuides y te guardes para mí. ¿Entiendes amor?” Me tocabas entre las piernas para sentir si lo tenía duro. Salías dando un portazo con mi olor en tu pelo. Caminabas hacia tu auto sacudiendo tus caderas. Ibas con pantalones apretados y botas negras. Me quedaba fumando. Encendías el motor, retrocedías  y partías directo a tu casa.     RECIÉN CASADOS   La orilla café de la taza nos sale con agua caliente. El borde tiene grabado mis labios, lo que te molesta. No sé si será posible sacar la mancha con recriminaciones. Lo cierto es que gotea bajo el colchón toda la noche. Las frazadas y el cansancio tienen olor a sospecha. No avanzamos, pese a las quejas y reconciliaciones. Pero tampoco queremos dar un paso más. Te duelen las rodillas y a mí los codos. A ambos nos cuesta dormir con las mandíbulas férreas.   Me dices que escuchas cómo un niño va llorando al baño. –Yo voy, tú quédate durmiendo, que mañana tienes que salir temprano.   Te veo apagar la luz con el niño en los brazos. Miro –entre las sombras– mi ropa colgada. Escucho mi aliento seco, cortado, y las piernas rendidas. Quedan pocas horas de sueño y resignación. Mañana, seguro, ni me sentirás cuando me vaya.     CASO DESCRITO   Nos enviábamos mensajes y nos llamábamos todo el día. Se volvió rápido una relación seria. Hasta tal punto llegué a conocerla y encariñarme con ella, que un día su hija mayor me llamó papá. Nos fuimos a vivir donde su madre. Y pese a ciertas incomodidades, disfrutamos esos años. Las cosas se empezaron a poner complicadas una tarde  en la que una amiga le dijo a mi mujer que no confiara. Me había visto tomar un taxi con una compañera del trabajo. Mi mujer me empezó a subir el tono de voz. Se puso más fría en la cama, salvo cuando me enojaba. Después de pelear me llevaba al dormitorio y me mostraba su voracidad sexual de una forma  que me daba miedo y celos de que otro gozara su descaro. A los días se apagaba y volvía el rencor. Una vez al llegar a la casa me empujó. Le dije que no se dejara envenenar,  que su amiga tenía envidia por la vida que teníamos juntos. No me creyó: “Las cosas tienen que ser parejas entre nosotros, así te la haré con otro sin decírtelo,  por dignidad, tengo que sacarme esta espina”. Empecé a partir nervioso en las mañanas. Un par de meses después llegó a mi trabajo. La vi parada con ropa liviana, apretada y taco alto. “Vamos a conversar solos, no aguanto más”, fue su primera frase. Prendió un cigarrillo y me lanzó con desdén: “Me estoy metiendo con alguien”. A lo que contesté, con la garganta seca: “Esta sería tu venganza”. “No. Esto es serio. Se trata de mi felicidad y de la seguridad de las niñas”.  Mira a mi izquierda y vi cómo se alejaban mis compañeros  camino a sus casas, riendo unos, otros callados. Había mujeres que se subían a autos  y los más jóvenes andaban en grupo.  Nos sentamos y pedimos un café y fumamos. “Vine porque no quiero que vuelvas a la casa  ni que te acerques a las niñas. Está claro. Te voy a dejar toda la ropa y tus cosas donde tu madre. Esto ha sido muy terrible para mí. Por fin encontré el amor y ahora sé lo que es sentirse protegida.  No puedo pasar más miedos ni angustias contigo. No eres un mal hombre, lo reconozco. Por eso quédate con el mejor recuerdo mío y de mis hijas.  No te despidas, no quiero que sufran, no lo merecen.  Sólo te ruego que no te aparezcas más.  Es lo mejor para todos.       ______________________ Matías Rivas (Santiago, 1971) es poeta, ensayista y director de Ediciones UDP. Ha publicado los poemarios: Aniversario y otros poemas (1997), Un muerto equivocado (2011), Tragedias oportunas (2016) y Un poema de amor (2023). Los poemas publicados fueron tomados de “Tragedias oportunas”, Ediciones Tácitas, Santiago de Chile, 2016.  

Fichero | Manejo integral de residuos

«Como el perspicaz lector de El Mal Menor habrá advertido, lo que se echa de menos en los versos recién citados de Nicolás Meneses es justamente aquello que entendemos como poesía, dado que en el primer caso nos hallamos ante una descripción narrativa sin mayor brillo ni profundidad y, en el segundo, ante un testimonio similar al que podría mostrar un reportaje televisivo, sin que existan elementos retóricos que den resonancia a lo dicho, es decir, que amplíen los márgenes de sentido del texto, más aun tratándose de un tema clave -los residuos, lo residual- tanto en la estética contemporánea como en el ambiente socio-ecológico actual.» Publicado en 2019 por editorial Overol, Manejo integral de residuos, de Nicolás Meneses (Buin, 1992), es un poemario que se propone exponer la situación de aquellos trabajadores que se dedican a recoger la basura -nuestra basura- en la ciudad de Santiago de Chile. Desarrolla, para este objetivo: “una exploración de carácter documental”, como nos indica una voz anónima en una de las solapas del libro. En tal sentido, la estructura de la obra se ajusta -literariamente hablando- a este género audiovisual, ya que contiene poemas escritos en tercera y en primera persona, que se pueden asimilar, respectivamente, a la cámara (lo visual) y a las voces de los protagonistas (el audio). Como ejemplo del primer caso -lo visual- uno de los poemas (que carece de título, como todos los que componen la obra) consiste en el siguiente plano general: “El camión recolector / dobla la esquina / en sordina macabra / hacia el pasaje”. Para el caso de poemas asimilables al “audio”, se pueden hallar versos como el que sigue: “Tomamos desayuno en el camión / almorzamos en el primer parque / que nos pilla, pasamos el mes / gracias a las peguitas extra / y dicen que somos irresponsables.”  Como el perspicaz lector de El Mal Menor habrá advertido, lo que se echa de menos en los versos recién citados de Nicolás Meneses es justamente aquello que entendemos como poesía, dado que en el primer caso nos hallamos ante una descripción narrativa sin mayor brillo ni profundidad y, en el segundo, ante un testimonio similar al que podría mostrar un reportaje televisivo, sin que existan elementos retóricos que den resonancia a lo dicho, es decir, que amplíen los márgenes de sentido del texto, más aun tratándose de un tema clave -los residuos, lo residual- tanto en la estética contemporánea como en el ambiente socio-ecológico actual. En algunos textos, esta falta de “poeticidad” se intenta suplir recurriendo a un lirismo gastado, convencional, tradicionalista, como ocurre en el siguiente poema: “Entra en el minúsculo pasaje / con más autoridad que la yuta / más alboroto que el repartidor de gas / buscando el alma de los perros / la luz de quien barre su lugar en el mundo / el niño que juega con tierra / y sonríe mirando una nube.” Los tres primeros versos de este poema funcionan en clave visual, mostrándonos tanto el alboroto como la naturalidad de la llegada del camión recolector a un sector determinado de la ciudad, cosa que todos hemos experimentado alguna vez. Los cuatro versos restantes apuntan, sin embargo, en otra dirección, dando la idea -sin asidero- de que la llegada del camión recolector representa poco menos que la aparición de un ente de carácter espiritual, algo así como un redentor a la población, usando para esto, como se dijo, un lenguaje lírico gastado, agotado, que se aleja, además, del estilo documental de la obra. La construcción del recolector de basura, por otra parte, se mantiene en un plano más bien superficial, construyendo un personaje popular genérico bastante cliché. Así, Meneses nos informa que estos trabajadores desempeñan su labor: “Clavados colgando del camión / equipados con la camiseta de fútbol / y el buzo arremangado.” O que tienen que: “Mear sobre ella [la basura] / por no tener un baño cerca”, como si estas pésimas condiciones laborales fuesen una novedad para el lector. Sitúa, en otro poema, las siguientes palabras en boca de un recolector: “Juntamos los cartones / que pillamos en las rondas / sólo a veces los dejan apartados. / El Torombolo nos paga con chirlitos / pero igual nos alcanza para unas chelas / que tomamos mientras suena la radio / y nuestras voces se mueven como moscas / sobre la maleza”. En estos versos, donde el alcohol funciona como atenuante de una labor que se asume con conformismo, los trabajadores víctimas se expresan mediante un lenguaje coloquial plano, como si fuesen incapaces de reflexionar con mayor profundidad acerca de su situación en el mundo. Los dos versos finales, en tanto, están formulados mediante el mismo lirismo gastado del que se habló en el párrafo anterior, cayendo en el facilismo, en lo gratuito, en la “demagogia poética”, generando una poesía que recuerda al realismo socialista, una poesía que se quedó pegada en el pasado. Ante esto, cabe citar lo señalado por el poeta mexicano José Emilio Pacheco en su poema “El centenario de Gustave Flaubert”, específicamente aquellos versos donde señala que todo escritor “debe honrar / el idioma que le fue dado en préstamo, no permitir / su corrupción ni su parálisis, ya que con él / se pudriría también el pensamiento.”  Se agradece, finalmente, la intención del autor al exponer las condiciones en que trabajan los recolectores de basura mediante la poesía, puesto que representa un intento de integrar este lenguaje y esta forma de conocimiento al debate nacional. Los poemas contenidos en Manejo integral de residuos, sin embargo, no logran despegar, son avionetas sin motor, puesto que no escapan de los estereotipos que se han construido en torno a estos personajes, funcionando apenas como simples esbozos realistas que, probablemente, quisieron ser textos de corte objetivista. Influye en esto, quizá, el hecho de que Meneses, como se señala en el poemario, es un narrador y no todo el mundo tiene la capacidad para expresarse en ambos lenguajes. La poesía, se le recuerda al autor, debe

50 años del GOLPE | Poemas del exilio

«Esta “internacionalización” -que no se dio solo en el ámbito de la poesía- sumada a la mayor prosperidad de gran parte de los países que acogieron a los desterrados, ha hecho que muchos hayan hablado -cínicamente- del exilio como de “la beca Pinochet”. Estos aspectos favorables, sin embargo, no quitan lo despótico y cruel de la medida, que significaba no solo abandonar forzadamente (y muchas veces después de golpizas o sesiones de tortura) el país y los proyectos personales de vida, sino también el sueño de una sociedad mejor.» Según las cifras entregadas por la Comisión Chilena de Derechos Humanos, el número total de exiliados y exiliadas durante la dictadura mafiosa encabezada por Augusto Pinochet y secundada por civiles -sí, viles- ascendió a más de doscientas mil personas. Dentro de esa cifra se cuentan numerosos poetas que -obligados a partir- se llevaron consigo una parte de nuestra tradición literaria, la que repentinamente se vio enfrentada, como sus autores y autoras, a nuevas culturas, idiomas y estilos, circunstancia que tuvo como consecuencia una inesperada ampliación del campo poético nacional, así como la conexión con escritores de otros países. Esta “internacionalización” -que no se dio solo en el ámbito de la poesía- sumada a la mayor prosperidad de gran parte de los países que acogieron a los desterrados, ha hecho que muchos hayan hablado -cínicamente- del exilio como de “la beca Pinochet”. Estos aspectos favorables, sin embargo, no quitan lo despótico y cruel de la medida, que significaba no solo abandonar forzadamente (y muchas veces después de golpizas o sesiones de tortura) el país y los proyectos personales de vida, sino también el sueño de una sociedad mejor. La disposición, recordemos, no tenía fecha de expiración, por lo que su levantamiento dependía exclusivamente del régimen, es decir, el regreso de las personas exiliadas se hallaba bajo los designios de Pinochet y sus socios de una derecha chilena que -a la fecha- ha cambiado muy poco (y no podría asegurar que para mejor).   En el escenario recién descrito, los temas que surgen de la poesía chilena del exilio –que fue registrada en revistas como Araucaria de Chile, Literatura chilena en el exilio o LAR- están marcados, en general, por la nostalgia por el país perdido, sus paisajes, los parientes, los amigos, los amores y el proyecto político aniquilado por la armas, así como por la compleja adaptación a las nuevas sociedades y el deseo siempre presente de tener el derecho de volver a la patria, de borrar la letra L de los pasaportes, ante una pena de extrañamiento que, en muchos casos, fue superior a los diez años, incluyendo también a quienes no volvieron porque murieron en el exilio -como Julio Moncada- o aquellos que decidieron quedarse en el extranjero. Hay nostalgia en los versos de la diáspora chilena, como se dijo, pero también hay rabia y sufrimiento. Eso no quita, por cierto, la presencia del humor y la ironía, principalmente ante textos de corte más bien antipoético o al menos donde la lírica -que en los años sesenta se hallaba en franca retirada- no tiene un rol protagónico. Al respecto, podemos citar el poema “Espera” de Eduardo Carraco, donde el autor señala que: “Desde el 11 de setiembre / de 1973 / estoy parado / en la esquina de Saint-Michel / con Saint-Germain / esperando que pase la Pila-Cementerio.”    El cosmopolita narrador gringo John Dos Passos -autor de la magnífica novela Manhattan Transfer– indicó alguna vez lo siguiente: “Podéis arrancar al hombre de su país, pero no podéis arrancar el país del corazón del hombre”, máxima que se puede apreciar nítidamente en la breve selección de poemas del exilio que se presenta a continuación.     Selección de Textos     OMAR LARA / (Nohualhue, 1941-Concepción, 2021)   HE ENCONTRADO UNA MUCHACHA EN LA CALLE         He encontrado una muchacha en la calle La conocí             hace tiempo en un lejano país. Recordamos que pudimos habernos amado. En ese tiempo.   (Hoy en esas ciudades  en que un día vivimos crecen muertos y una historia se hace silencio).   Hemos cortado ramas de un arbusto es como el cedrón y de nuevo nos abandonamos a aquel tiempo en que pudimos habernos amado.   Ese tiempo.     EN UN TREN YUGOESLAVO   1         A mi lado hablan los hombres, dulces y agredidos, fumamos y el humo nos une, no entiendo qué dicen pero cruzan las manos en un gesto que me es familiar.   2   Durante varias horas nos ha acompañado un pequeño río de grises y duras aguas. Quisiera preguntar cómo se llama, ¿cómo se llama ese río? sonríen, cómo se llama ese río, sonríen, este río se llama Sonrisa. No hubiese podido irme sin saber su nombre.   De: Fugar con juego, Madrid, Editorial LAR, 1984        EDUARDO CARRASCO / (Santiago, 1940)   ESPERA   Desde el 11 de setiembre de 1973 estoy parado en la esquina de Saint-Michel con Saint-Germain esperando que pase la Pila-Cementerio.   De: Araucaria de Chile N°8 – Madrid, 1979       ALICIA SALINAS / (Lautaro, 1954)   TOMADOS DE LA MANO   El país donde viví́, tuve hijos, y aprendí́ una lengua que no he vuelto a pronunciar.   Tenía cupulas con estrellas de zafiros.  Maternidades, donde doblaban a las guaguas para que el frio no arremetiera en sus cuerpos de niños.   -Nosotros envolvíamos los propios para no desmembrarnos-  Así́ podíamos caminar por la nieve tomados de las manos. Nada era de uno, solo la sangre que corría por las venas de los pequeños.   Las tardes en que borrábamos la nostalgia a manotazos,  cubríamos con pañuelos y pieles sus cuellos, y nos deslizábamos en trineos -sin medir las consecuencias-     EN MEDIO DEL JARDÍN   Cortaron el árbol de damascos imperiales del jardín de la casa.  Lo cambiaron por un mísero rosal. Nuestros hijos creían que el cielo quedaba en su copa.   Nadie se sube a

Poesía chilena actual | La copia infeliz del mito, siete poemas de Javier Ossandón

La poesía de Javier Ossandón (Santiago, 1990) se halla atiborrada, entre otros elementos, por diversas mitologías de la Antigüedad (griega, judeocristiana), la cultura popular tanto del mundo occidental como oriental, conceptos astrológicos, saberes ancestrales de las culturas indígenas y la obra de variopintos poetas contemporáneos, que se plasman en una mirada crítica y desesperanzadora de Latinoamérica y en especial del Chile postdictadura, generando un pastiche que hace foco -más por extensión que por síntesis- en los distintos grupos de víctimas que conforman nuestra sociedad actual o “copia infeliz del mito”. Poesía esencialmente política y de ambiciones totalizadoras, la obra de Javier Ossandón está contenida en sus libros Christi (2016, Alarido Ediciones) y Continente Aureal, texto aún inédito.    Selección de poemas   SALMOLILOQUIO (fragmentos)   III Padre traición ahora entiendo tanto Cuando veíamos una película acostados los dos refugiado yo de los deberes escolares sumidos en la pereza de tus sábanas y las de mamá Allí tú te dabas cuenta de mi erección en la escena que me excitaba de mis tocaciones y nada decías por no querer enterrarme la vergüenza por la espalda Eras piadoso benévolo pero cinco años después en reacción de nuestros signos constelares cargaste las nubes de dagas que caerían sobre mi cabeza   IV Padre traición deseo ahora entiendo tanto tanto Soy esa mescolanza de horror y dulzura Tener a venus en tauro se decodifica como si mi amor se violara a un toro todos los días Y la culpa dónde queda ¡y yo que te culpaba tanto! Por tu culpa por tu culpa por tu culpa te decía Y mi amor se viola a un toro y un toro me da mañana y noche Es lo más parecido a la felicidad   V Padre traición rabia deseo soy tu retrato en esta tierra Desierta yo también te entregué un día a tu soledad un día entero y tú no dijiste nada Mientras lloraste eyaculé imaginándome acabar en tus ojos solos Acabar en tus ojos fondo de una estepa sombría cargada de sueños donde tus constelaciones vacilaban entre un instante y los proyectos entre el amarme y el poseerme Y ahora aquí me tienes entregado a tu propia luna Me encomiendo bordando nuestro dolor con grumos de cal       CONTRAESTACIÓN CUATRO/ LA FISURA DEL SILENCIO   Madre luna se ríe de tus pensamientos Ella tiene cielo cal cosmos Ella es origen Es las noches maravillosas donde el Padre la pasaba con Gabriel en el bar vino y polvo tantas cosas que no se sabían   Madre tejía una calma sin él Una cama tejía Un clamor acuoso en las sábanas Todo lo tejía sin él Es origen porque ella todo lo sabe y en la sabiduría todo nace El padre le decía que ella no En silencio se hacía la tonta pensando Sí sí sí oh sí   La madre tiene el poder y no lo entiendes La madre es el padre y el padre nunca lo supo La hembra no es el hambre          es el hombre     SEXTA ESTACIÓN / CAPUCHA SACRA   La Vero te pasó una capucha Pero antes la empapó en amoniaco La pasó por el humo de la basura quemada La azotó contra las olas de un charco muerto Le estampó una serigrafía    AQUÍ SE EMPALÓ TODO EL DOLOR  Y TODO EL AMOR DE NOSOTRES  AQUÍ TENEMOS EL SUDOR DE UNE COMPAÑERE  NEGRO COMO NUESTRO ODIO COMPAÑERE   No había tiempo así que le quitaste la capucha con rabia escribiste rápidamente con lápiz pasta turquesa al reverso    Yo no quiero mi vida sepia en un futuro pareciendo como  francesitas las “e”.No quiero que nos inventen una lengua especial Que no me institucionalicen nunca la vida, ni que me legalicen el amor … Me ha costado demasiado este dolor para que lo arreglen todo con papelitos y firmas                ¡CHARCOS DE AZUFRE MULTICOLOR                                    SOBRE LA PIEL                           PIDAMOS LO IMPOSIBLE!   Refriegas la capucha en tu mejilla Besas las letras que desintegran tus labios en finos hilos turquesa como la rabia en este hemisferio   Una entrega fosforescente y constante hacia la nada                                                            De Christi     PRADERA DEL AVATAR (parte II)   Orfeo lloraba la ausencia de su amada Eurídice   La buscó en los desiertos En las selvas En las cavernas australes del mundo Pero sólo pudo ver la presencia ausente Su piel hologramada ─La Copia infeliz del Edén ─ en todas partes   Entonces el dios regó el canto de sus liras lamenteras que furiosas transformaron los cipreses en juncos Delimitó nuevos espacios a la orilla de los ríos para lavar pedazos de su piel desgarrada y ofrendarla a los antiguos dioses masacrados por el frío impertérrito   Pero la eternidad ya no existe en estos territorios australes La traición a la muerte se hizo carne   La formación geológica de los siglos venideros asimiló la tierra fértil del fracaso   Una lágrima de norte a sur fue la copia infeliz del mito   “I am a Creep, I am a weirdo… “ En inglés cantaba el helénico dios       HAMLET EN CHILE/ LA TRAGEDIA DE LA TRANSICIÓN   Quise vengar a mi patrio muerto El problema es que nació muerto   Lo sepultaron sus símbolos Su bandera es una mordaza que le cosieron en la boca Su cuerpo es la geografía de la guerra de Arauco En vez de cabeza decapitada tiene un reloj de arena húmeda que se niega a avanzar Bajo sus axilas penden dos araucarias que arden En sus hombros se establecen dos recámaras simétricas Dentro hay esqueletos